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El plan institucional de gestión del riesgo del centro educativo

Esta lección es parte de Temario de Educación Cívica de Térraba (Sétimo año) Lección 19 de 19

Por Andrea del Carmen actualizado el 27 de octubre de 2026 11 min de lectura

Un plan de emergencias que nadie conoce, que pasa el año guardado en una gaveta o que describe un edificio que ya cambió sirve de poco el día de un temblor fuerte. Un buen plan, en cambio, es un documento vivo: se escribe entre muchas personas, se ensaya, se revisa y se corrige cada vez que la realidad muestra un hueco.

Vas a conocer qué es el plan institucional de gestión del riesgo, por qué un colegio está obligado a tenerlo y cuáles son los pasos para elaborarlo según la guía que la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) preparó para los centros educativos: la organización, el diagnóstico, el inventario de recursos, la elaboración del plan, su evaluación y su actualización. Al final verás cómo preparar una propuesta de mejora para tu propio colegio.

Definición

La guía de la CNE define el plan de gestión del riesgo (PGR) de un centro educativo como un «instrumento de planificación y organización para la utilización óptima de los recursos humanos, técnicos, administrativos, financieros y operativos que tienen como fin proteger la vida, la integridad física y el patrimonio de los miembros de un centro educativo». Debe incluir acciones para reducir el riesgo, prepararse, atender las emergencias y recuperarse de ellas.

Por qué el colegio debe tener un plan#

La obligación nace de la Ley Nacional de Emergencias y Prevención del Riesgo, n.º 8488. Su artículo 12 manda que los responsables de los centros de trabajo y de los sitios con afluencia masiva de personas establezcan «un plan de prevención y atención de emergencias», que defina una estructura de coordinación interna y sus procedimientos. El Decreto Ejecutivo N.º 39502, de 2015, estableció la Norma de Planes de Preparativos y Respuesta ante Emergencias para Centros Laborales o de Ocupación Pública, que la Junta Directiva de la CNE había aprobado para que se aplicara de forma obligatoria. Su artículo 5 la extiende a todos los centros laborales y de ocupación pública y nombra entre ellos, de forma expresa, a los centros educativos. La guía para centros educativos se elaboró tomando principalmente esa norma como base.

Según la guía, el plan debe contemplar tres clases de acciones:

  • prospectivas, o de reducción del riesgo, que miran hacia adelante para no crear riesgos nuevos, como decidir que la próxima aula no se construya en la zona que se anega;
  • correctivas, o de mitigación, que reducen los riesgos que ya existen, como reforzar una pared o cambiar un cableado viejo;
  • reactivas, que organizan la respuesta a la emergencia y la recuperación posterior.

Los siete pasos#

La guía de la CNE organiza la elaboración del plan en siete pasos:

  1. Organización: se forma el Comité Institucional para la Gestión del Riesgo, con la dirección a la cabeza, y se reparten las áreas de trabajo.
  2. Diagnóstico: se identifican las amenazas, los factores de vulnerabilidad, los riesgos, los recursos y las capacidades.
  3. Planeamiento: se escribe el plan de acción, con responsables, procedimientos y cronograma.
  4. Acondicionar: se mejora el edificio y se equipa para responder.
  5. Capacitar: se forma a las personas del comité y de los equipos.
  6. Ejecutar: se pone en práctica lo planeado, incluidas las simulaciones y los simulacros.
  7. Evaluar y corregir: se revisa el plan a la luz de lo ocurrido y se actualiza.

La guía insiste en que la redacción debe ser «un proceso consultivo y participativo» en el que intervengan todas las personas de la comunidad educativa. El documento arranca con los datos generales del centro: cuántos estudiantes y funcionarios tiene, sus jornadas, cuántas personas con discapacidad hay, la edad y el área del edificio, su ubicación y sus coordenadas. Siguen una breve reseña de las emergencias que ha vivido la comunidad, el objetivo general, que es proteger la integridad física de quienes forman la comunidad educativa, y los objetivos específicos.

El diagnóstico: amenazas y factores de vulnerabilidad#

En el diagnóstico, el comité observa el centro por dentro y por fuera, anota cada amenaza con su origen y destaca los factores económicos, infraestructurales, sociales y organizativos que aumentan la vulnerabilidad. Con esa información arma una matriz que asigna a cada amenaza un nivel de riesgo y una prioridad. La guía advierte que la identificación debe incluir los riesgos aunque su fuente no esté bajo el control del colegio, como una fábrica vecina, y también los efectos en cadena: un sismo que corta la electricidad deja sin funcionar una alarma eléctrica, por ejemplo.

Para no quedarse en impresiones, la guía recomienda apoyarse en información técnica: los planos del edificio, el criterio de profesionales en ingeniería civil, los estudios de vulnerabilidad estructural si existen, y lo que digan los institutos científicos sobre fallas locales, historia sísmica y volcánica y deslizamientos en la zona.

El inventario de recursos#

Saber con qué se cuenta es tan importante como saber qué amenaza. La guía pide hacer listas separadas de los recursos internos, del propio centro, y de los externos, que están en la comunidad o en el país. Un inventario podría verse así:

Tipo de recursoInternos (ejemplos)Externos (ejemplos)
HumanosJunta de educación o administrativa, patronato, docentes, personas con formación en primeros auxiliosAsociación de desarrollo, EBAIS, Cruz Roja
InstalacionesGimnasio, salones ampliosGimnasio municipal, salón comunal o parroquial
ComunicacionesTeléfonos, radios, internetTeléfono público cercano
Equipo móvilVehículos disponibles para el centroUna panga del comité comunal de emergencia
Primera respuestaBotiquines portátiles, extintores revisados, camillas—

Un recurso clave es el directorio de instituciones de primera respuesta y apoyo, con los contactos de Bomberos, Cruz Roja, CNE, comité municipal de emergencia, Organismo de Investigación Judicial, Policía de Tránsito, ICE, AyA y EBAIS, entre otros. Aun así, la guía es clara: la llamada de emergencia siempre se hace al 9-1-1.

Según el Sistema de Emergencias 9-1-1, quien llama debe contar qué sucede y dónde, con una dirección lo más exacta posible: provincia, cantón y distrito, y puntos de referencia como escuelas, iglesias o parques. Recomienda guardar la calma, hablar con claridad, dejar que la persona operadora haga las preguntas y permanecer en línea hasta que indique que se puede colgar.

Escribir el plan de acción#

Con el diagnóstico y el inventario listos, el comité redacta el plan de acción, organizado en tres ámbitos que coinciden con los de la Política y el Plan Nacional de Gestión del Riesgo: reducción del riesgo, preparativos y respuesta y recuperación. Cada tarea lleva fecha, una persona responsable con nombre y apellidos y, cuando corresponde, presupuesto. Si aplican, el plan debe traer al menos seis procedimientos:

  1. activación del comité;
  2. respuesta general, que todas las personas del centro deben conocer;
  3. respuesta de cada área o equipo según el riesgo identificado;
  4. evacuación;
  5. evaluación de daños y análisis de necesidades;
  6. reingreso a las instalaciones.

El plan también fija los puntos de reunión. Para la guía, deben ser lo bastante amplios para toda la población del centro, accesibles también para personas con discapacidad, sin paso de vehículos y, en lo posible, sin tendidos eléctricos ni árboles de más de tres metros; además, deben quedar rotulados según las normas técnicas. Por último, define cómo se activa el comité: ante una alerta de la CNE o cuando ocurre un suceso que pueda afectar al centro, y con una alarma cuyo código conozca toda la comunidad educativa, incluidas las personas con discapacidad.

Ensayar, evaluar y actualizar#

La guía distingue dos ejercicios. La simulación es un ejercicio de mesa: las personas participantes analizan un escenario y practican la toma de decisiones en un entorno sin riesgo. El simulacro es un ejercicio práctico: se representa una emergencia hipotética, con daños y lesiones ficticios, y se movilizan personas y recursos de verdad. El centro debe realizarlos al menos dos veces al año, y cada uno se evalúa y se registra para mejorar el plan.

El plan, por su parte, debe revisarse por lo menos una vez al año y cada vez que la institución cambie de una forma que lo afecte, ya sea en su infraestructura o en su personal. Así se cierra el ciclo: lo que falló en un simulacro se convierte en una corrección del plan.

Una propuesta de mejora para tu colegio#

El programa de Educación Cívica propone cerrar la unidad con una propuesta para mejorar el plan institucional, con actividades de preparación, prevención y mitigación frente a la amenaza que el grupo considere más importante. Antes de proponer, conviene averiguar si el plan está vigente, cómo está estructurado y quiénes integran el comité, y comparar lo que existe con lo que debería existir. Una buena propuesta responde a cinco preguntas: qué problema se atiende, qué acción se propone, quién la ejecuta, en qué plazo y con qué indicador se medirá el resultado.

Ejemplo. Al revisar su colegio, un grupo de sétimo descubre que la única alarma es una sirena que dos compañeros con discapacidad auditiva no perciben, y que el botiquín de la soda tiene medicinas vencidas (datos inventados para practicar). Redacta una propuesta breve.

Solución. Problema: una alarma que no toda la comunidad percibe y un botiquín que no sirve. Acciones: pedir al comité que estudie un aviso luminoso o un sistema de compañeros guía para las personas que no oyen la sirena; solicitar que una persona adulta con formación en primeros auxilios revise y reponga el botiquín; preparar un cartel con la lista de lo que debe tener y una fecha de revisión. Responsables: el grupo, con su docente guía, redacta la petición y el cartel; la dirección y el comité deciden la compra y la revisión. Plazo: antes del próximo simulacro. Indicadores: en el simulacro, que los dos compañeros confirmen que recibieron el aviso, y que el botiquín tenga su revisión con fecha.

Ponte a prueba#

¿Por qué un colegio está obligado a tener un plan de gestión del riesgo?#

Porque el artículo 12 de la Ley 8488 manda que los responsables de los centros de trabajo y de los sitios con afluencia masiva de personas establezcan un plan de prevención y atención de emergencias, con una estructura de coordinación interna y sus procedimientos. El Decreto Ejecutivo N.º 39502 estableció la norma que fija los requisitos de esos planes, incluye de forma expresa a los centros educativos, y en ella se apoya la guía escolar de la CNE.

¿Cuáles son los siete pasos para elaborar el plan según la guía de la CNE?#

Son organización, en la que se forma el comité; diagnóstico de amenazas, vulnerabilidades, riesgos y recursos; planeamiento, en el que se escribe el plan de acción; acondicionar el edificio; capacitar a las personas del comité y de los equipos; ejecutar lo planeado, incluidos los simulacros; y evaluar y corregir. El último paso conecta con el primero, porque las correcciones vuelven a organizar el trabajo del comité.

¿Qué diferencia hay entre una simulación y un simulacro?#

La simulación es un ejercicio de mesa: el grupo analiza un escenario de emergencia y practica la toma de decisiones sin moverse ni correr riesgos. El simulacro es un ejercicio práctico: se representa una emergencia hipotética, con daños y lesiones ficticios, y se movilizan personas y recursos reales. Según la guía de la CNE, el centro educativo debe hacer estos ejercicios al menos dos veces al año y evaluar cada uno.

¿Qué recursos se registran en el inventario del plan?#

La guía de la CNE pide registrar por separado los recursos internos y los externos. Entre ellos están los recursos humanos, como la junta, el patronato, los docentes o la Cruz Roja; las instalaciones, como gimnasios y salones; las comunicaciones; el equipo móvil; y el equipo de primera respuesta, como botiquines y extintores. También se elabora un directorio de instituciones de apoyo, aunque la llamada de emergencia siempre se hace al 9-1-1.

¿Cada cuánto debe revisarse el plan institucional y por qué?#

Según la guía de la CNE, por lo menos una vez al año y cada vez que la institución cambie de una forma que afecte el plan, por ejemplo, con una construcción nueva o un cambio en el personal. La revisión sirve para actualizar datos, evaluar fortalezas y debilidades y corregir lo que falló en los simulacros. Un plan desactualizado puede mandar a las personas a una salida que ya no existe.

Fuentes#

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