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Padre Nuestro,
No soy más que carne y huesos, polvo nada más… Una voz que se apagara en el ocaso del silencio, uno más en la cadena que llamamos humanidad.

Más allá de mi capacidad, rendido a Ti Señor, para que me uses en lo bueno y me corrijas en lo malo, porque de Ti hablan mis actos y mi bondad.

Más allá de mi capacidad utilizame por completo, que tan solo soy un suspiro en Tu tiempo.

Somos almas que Te adoran Dios Padre, cuerpos que te comparten, hijos de Tu reino...

Amén