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¡¡¡LA TULE!!!

Mi sueño profundo fue interrumpido por un lloriqueo casi imperceptible.

Ya despabilao, los llantos eran lastimeros, profundos, adobando cada gemido.

¡La Tulevieja! pensé. Y quedé aprisionado por la cobijas.

Los ecos quejumbrosos en mi techo no me dejaron ubicar con exactitud de dónde provenían. Concluí que salían de Shuá Brá, quebrada oscura y misteriosa.

Mi primera reacción era abrir por el lado contrario y patas pa que te quiero, pero seguía prisionero de las cobijas –no es miedo, me automotivaba.

Con más curiosidad que valentía, abrí lentamente la puerta trasera, con el foco en una mano y una cutacha en la otra, más un tarro de sal en el sobaco.

Ya sin ecos, pude detectar que la Tule estaba cerca de la calle principal, debajo de un manzano de agua que oscurece la entrada a mi casa.

Apunté el foco para ser el pionero en ver este misterioso personaje y del susto, se me cayó la cutacha. La Tule estaba llorando por celular. Tule moderna –pensé en una ráfaga. Talvez está asustando a larga distancia -volví a pensar.

Sin arma, opté por tirarle un puño de sal en la espalda, pero ni se inmutó. Entonces caí en cuenta que la sal es pa las brujas, porque andan a calzón quitao -según dicen.

Acosada por la luz de mi foco, la Tule con su celular en la oreja salió a la calle y se fue. –Esperate que te encuentre hijueputa, fue lo último que le escuché.

No pude conciliar el sueño desde las dos de la madrugada.

#MarotoBoruca
Fran Javier: 👍
Jonathan Rodríguez: Excelente historia