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Dios Padre,

Si hoy me tocara dormir en la pijama de madera, si mi cuerpo decidiera al fin volver al polvo de donde vino, quizá sería esta mi última oración, la última oportunidad de darte gracias y de agradecerte por Tu amor.

Tu Dios Padre hiciste que todos los días de mi vida tuvieran sentido, aun en mis fracasos, ahí Tu palabra estuvo conmigo; más aun cuando fui feliz, algunas veces en pecado, aun en la oscuridad me sentía bajo Tu abrigo.

Se que la imperfección es el sinónimo de mi nombre, más mi alma volara lejos de mi cuerpo y mi cuerpo con los muertos descansara... Por lo único que puedo dar infinitas gracias, es porque nunca me dejaste solo Papá.

Hasta siempre Gran Rey, gracias por todas las veces que me permitiste alabarte, aun siendo yo tan pequeño y Tu infinito.

Gloria al Inmortal,

Amén