Resiliencia: cómo afrontar los desafíos en el colegio
Esta lección es parte de Temario de Orientación de Noveno año Lección 8 de 8Por Andrea del Carmen actualizado el 29 de octubre de 2026 7 min de lectura
Kevin, de noveno, sacó 45 en el primer examen de Matemática del año. Dobló la hoja, la metió al fondo de la mochila y en el bus de regreso a casa en Pavas pensó lo de siempre: «Yo no sirvo para esto». Dos semanas después, su compañera Priscila sacó 52 en el mismo tipo de examen. Ella también se sintió mal esa tarde. Pero al día siguiente le pidió a la profesora que le explicara dos ejercicios, se juntó con un compañero a repasar los jueves y en el siguiente examen sacó 70: eso es resiliencia en el colegio.
Los dos sufrieron la misma frustración. Lo que cambió fue lo que hicieron con ella. A eso se le llama resiliencia, y se puede aprender.
Definición
La resiliencia es la capacidad de enfrentar un cambio, una dificultad o una frustración, recuperarse y seguir adelante, aprendiendo de lo que pasó. No es no sentir dolor ni aguantar todo callado: es poder reorganizarse después de un golpe.
Cambio y frustración: dos cosas que llegan sin avisar#
En lo educativo, los cambios son frecuentes. Pasar de la escuela al colegio, cambiarte de institución, tener un docente nuevo con otro estilo, repetir una materia, llegar a un grupo donde no conoces a nadie. Cada uno de esos cambios trae incomodidad. Es normal sentirse desubicado las primeras semanas.
La frustración aparece cuando algo que querías no sale: una nota baja, que no te elijan para el equipo de baloncesto, que el trabajo de meses no gane en la feria científica. El primer impulso suele ser rendirse, enojarse con alguien o decir «ya no me importa». Esas reacciones son comprensibles. El problema no es sentirlas sino quedarte a vivir en ellas.
Una forma útil de manejar el momento es separar tres pasos:
- Reconocer lo que sientes. «Estoy enojado y con vergüenza». Ponerle nombre baja la intensidad.
- Dar un tiempo. Caminar, tomar agua, hablar con alguien de confianza. No tomes decisiones grandes en el peor momento del día.
- Preguntarte qué sí puedo controlar. No controlas la nota que ya salió; sí controlas cómo estudias para la siguiente.
Lo que me digo importa: pensamientos que ayudan y que estorban#
Después de un fracaso, casi todos tenemos una voz interna que opina. A veces es muy dura. Fíjate en cómo cambia la historia según lo que esa voz dice.
| Lo que piensa quien se hunde | Lo que piensa quien se recupera |
|---|---|
| «Soy un burro para Matemática.» | «Esta vez me fue mal. Todavía no entiendo factorización, voy a ver por qué.» |
| «Todo me sale mal.» | «Esto me salió mal; esto otro me salió bien, como el trabajo de Ciencias.» |
| «Nunca voy a poder.» | «Todavía no puedo. Falta práctica.» |
| «Es culpa de la profesora.» | «Hay cosas que no dependen de mí y otras sí. Voy a trabajar en las segundas.» |
Cambiar la frase no es engañarte ni pintar todo de rosa. Es ser exacto. «Soy un burro» es falso y no te dice qué hacer. «Aún no entiendo este tema» es verdadero y te señala por dónde empezar.
Automotivación: encender las ganas sin que otro las prenda#
Si solo estudias porque te lo mandan, tu motivación depende de que alguien te vigile. La automotivación es lo que te mueve desde adentro: querer entender, querer llegar a algún lugar, querer demostrarte algo.
Algunas formas de alimentarla:
- Conectar la tarea con algo que te importe. Si quieres ser mecánico, la física de las fuerzas deja de ser abstracta cuando piensas en un gato hidráulico.
- Poner metas cortas. Terminar tres ejercicios hoy es más motivador que «dominar el álgebra».
- Anotar lo que avanzas. Una hoja pegada en la pared con las tareas hechas muestra progreso que la memoria olvida.
- Rodearte de gente que suma. Un compañero con quien repasar o un adulto que te pregunte cómo vas ayuda más de lo que parece.
Hay días sin ganas, y es parte de la vida. Para esos días sirve la disciplina: arrancar cinco minutos aunque no tengas ánimo. Muchas veces las ganas llegan después de empezar, no antes.
Autoeficacia: creer, con razones, que puedes#
La autoeficacia es la confianza que tienes en tu capacidad para lograr una tarea concreta. No es «me creo el mejor», es «para esto, con esfuerzo, tengo con qué». Se construye con evidencia, no con frases bonitas frente al espejo. Esa evidencia sale de tres fuentes.
- Lo que ya lograste. Si aprobaste Inglés tras empezar con mala nota, ya sabes que mejorar es posible.
- Lo que viste lograr a alguien parecido a ti. Un compañero que también iba mal en Química y la pasó te muestra que se puede.
- Lo que te dicen personas que te conocen. Un «tú puedes con esto, mira cómo manejaste lo otro» de un docente en quien confías pesa.
Ejemplo resuelto. Kevin quiere subir de 45 a 70 en Matemática en tres exámenes. En lugar de decir «voy a mejorar», escribe: examen 2, meta 55; examen 3, meta 62; examen 4, meta 70. Son subidas de 10, 7 y 8 puntos. Cada una es una meta pequeña que puede lograr; al cumplir la primera su confianza sube porque tiene una prueba real de que su plan funciona.
Cómo se ve la resiliencia en la vida de colegio#
No siempre es dramática. A veces es la estudiante que repite un año y vuelve a matricularse con ganas. O el que trabaja por las tardes en el negocio familiar y aun así mantiene la rutina de estudio. O la joven que cambia de colegio a mitad de año y se anima a hablarle a alguien el primer día.
Fíjate en que ninguno lo hace solo. La resiliencia suele apoyarse en personas: la familia, un docente, un amigo, el orientador. Pedir ayuda es parte de ser resiliente, no lo contrario.
Un ejercicio para esta semana: escribe en una hoja tres cosas que te salieron mal este año y, al lado de cada una, qué aprendiste y qué harás distinto. Si una columna queda vacía, pregúntale a alguien de confianza cómo lo ve. A veces desde afuera se distingue mejor lo que sí se puede cambiar.
Errores frecuentes#
Mucha gente confunde resiliencia con aguantar sin quejarse. La diferencia es que quien aguanta calla y se desgasta; quien es resiliente reconoce lo que le pasa, lo cuenta, busca apoyo y ajusta su camino.
Otro error es compararse con quien parece que todo le sale fácil. Casi nadie muestra sus fracasos. Lo que ves de los demás es el resultado, no los intentos que lo precedieron.
Si la tristeza, la desmotivación o las ganas de dejarlo todo duran semanas, o notas que ya no disfrutas nada de lo que antes te gustaba, no lo cargues solo. Habla con el orientador o la orientadora de tu centro educativo, o con un adulto en quien confíes. Si alguien te maltrata o sientes que estás en peligro, el PANI atiende en el 1147; en una emergencia, llama al 911.
Ponte a prueba#
¿Qué diferencia hay entre Kevin y Priscila en el ejemplo inicial?#
Ambos se frustraron por una mala nota. Priscila actuó después: pidió explicación, buscó compañía para repasar y mejoró. La resiliencia no es no sentir frustración, sino lo que haces después.
Cambia esta frase por una que ayude: «Soy un burro para Inglés».#
Por ejemplo: «Todavía no entiendo los tiempos verbales; voy a practicarlos 20 minutos al día». La primera es falsa y no dice qué hacer; la segunda es exacta y apunta a una acción.
¿Qué es la automotivación y cómo puedes alimentarla?#
Es la fuerza para actuar que nace de ti y no de que alguien te vigile. Se alimenta conectando la tarea con algo que te importa, poniendo metas cortas, anotando avances y rodeándote de gente que suma.
Explica qué es la autoeficacia y de dónde sale.#
Es la confianza razonable de que puedes lograr una tarea concreta. Sale de lo que ya lograste, de ver a alguien parecido a ti conseguirlo y de lo que te dicen personas que te conocen.
Kevin pasa de 45 a 70 en tres exámenes con metas de 55, 62 y 70. ¿Cuántos puntos sube en cada paso?#
Sube 10 puntos (45 a 55), 7 puntos (55 a 62) y 8 puntos (62 a 70). Dividir el objetivo en subidas pequeñas hace que cada meta sea alcanzable y fortalece su confianza.
Fuentes#
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