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Poder, querer y saber: cómo lograr el éxito en la escuela

Esta lección es parte de Temario de Orientación de Quinto grado Lección 5 de 7

Por Andrea del Carmen actualizado el 29 de octubre de 2026 5 min de lectura

Mateo va en quinto grado y todos los días tiene la misma pelea con la tarea de Matemática. Se sienta, ve el cuaderno, escucha el ruido de la calle y dice «no puedo». A su compañera Valeria le cuesta igual, pero ella saca el cuaderno en la mesa de la cocina, se come la merienda primero y empieza por el ejercicio más fácil. Los dos son inteligentes. Lo que cambia, para el éxito en la escuela, es lo que hacen con lo que tienen.

Para entender esa diferencia sirve una idea sencilla: el éxito escolar se apoya en tres patas. Poder, querer y saber. Si falta una, la mesa se cojea.

Idea central

Poder es lo que tengo (mis características y mis condiciones), querer es lo que me mueve (mi motivación) y saber es lo que hago para aprender (mis estrategias). El éxito escolar aparece cuando las tres trabajan juntas.

Poder: lo que ya tengo#

Poder no significa ser el mejor de la clase. Significa reconocer las características personales que te ayudan: eres ordenado, eres curioso, te cuesta quedarte quieto pero tienes buena memoria, dibujas muy bien, ayudas a los demás. También cuentan las condiciones de tu entorno: un lugar para estudiar, una persona que te revise la tarea, la biblioteca de la escuela.

Haz este ejercicio en tu cuaderno: escribe tres cosas que haces bien y una que te cuesta. No es para sentirte mal. Es para saber con qué cuentas. Una niña de San Carlos puede escribir «hago amigos fácil, me gusta leer, soy puntual; me cuesta la división». Ya con eso tiene un mapa.

Mucha gente confunde poder con «ser bueno para todo». Nadie lo es. Lo que sí existe es la capacidad de mejorar con práctica, y eso lo tenemos todos.

Querer: lo que me mueve#

Querer es la motivación, y viene de dos lugares. A veces viene de afuera: un premio, un elogio de la maestra, el orgullo de mamá cuando ve tu boleta. Otras veces viene de adentro: te gusta saber cómo funciona un panal, te emociona resolver un problema difícil, quieres ser veterinario.

Las dos sirven, pero la de adentro dura más. Si solo estudias para que no te regañen, el esfuerzo se acaba cuando el regaño termina. Por eso conviene preguntarte para qué haces cada tarea. Ejemplo: Mateo se da cuenta de que quiere mejorar en fracciones porque su papá hace cuentas en el taller y le prometió enseñarle a medir madera. De pronto la fracción tiene un lugar en su vida.

Cuando el ánimo baja, ayuda poner metas pequeñas y cercanas: «hoy termino los cinco ejercicios», «esta semana me sé la tabla del 7». Cada meta lograda recarga la motivación.

Saber: cómo aprendo#

Saber aquí no es acumular datos. Es tener estrategias: maneras de estudiar que te funcionan. Estas son algunas que los estudiantes de tu edad pueden usar desde ya:

  • Organizar el tiempo. Anota las tareas del día y ponles orden: primero lo difícil si tienes energía, o lo fácil para arrancar.
  • Preparar el lugar. Mesa despejada, celular lejos, agua a mano.
  • Resumir con tus palabras. Si puedes explicarle a tu hermanito lo que leíste, ya lo entendiste.
  • Preguntar. Pedir ayuda es una estrategia, no una debilidad.
  • Repasar un poco cada día. Veinte minutos diarios rinden más que dos horas la noche antes del examen.

Las tres juntas#

Imagina a tres estudiantes. Sofía tiene mucha facilidad (poder) y sabe estudiar, pero no le interesa nada: tiene notas regulares. Diego tiene muchas ganas (querer) pero no sabe cómo organizarse: empieza mil cosas y no termina ninguna. Camila tiene ganas y método, aunque a veces cree que no puede; cuando alguien le recuerda lo que ya logró, avanza.

Fíjate que en cada caso falta una pata y cada una se arregla de forma distinta. A Sofía le ayuda encontrar un porqué. A Diego, un horario sencillo. A Camila, mirar sus logros anteriores.

Un error típico#

El error más común es decir «yo soy malo para esto» y quedarse ahí. Esa frase mezcla las tres patas en un solo golpe. Mejor separa: ¿me falta método?, ¿me faltan ganas?, ¿estoy cansado o me distraigo? Cuando nombras el problema con exactitud, ya tienes por dónde empezar.

Tu plan de esta semana#

  1. Escribe una cosa que tienes a tu favor para estudiar.
  2. Escribe para qué quieres mejorar en una materia concreta.
  3. Elige una estrategia de la lista y úsala cinco días seguidos.
  4. El viernes anota qué cambió, aunque sea poco.

Si sientes que, por más que lo intentas, algo te impide aprender, o te da mucha tristeza o miedo ir a la escuela, cuéntaselo a tu maestra, a tu orientador o a un adulto de confianza. Para eso están.

Ponte a prueba#

¿Cuáles son las tres partes de «poder, querer y saber»?#

Poder son las características y condiciones que tienes, querer es la motivación que te mueve y saber son las estrategias que usas para aprender. Funcionan mejor juntas.

Ana dice: «Me gusta la ciencia pero siempre dejo la tarea para el último minuto». ¿Qué pata le falta?#

Le falta saber, es decir, estrategias de organización. Tiene el querer. Puede anotar sus tareas y hacer una parte cada día.

¿Por qué la motivación que nace de adentro suele durar más?#

Porque no depende de un premio ni de un regaño. Si estudias algo porque te interesa o porque te sirve para una meta tuya, sigues aunque nadie te lo exija.

Escribe una meta pequeña y cercana para mejorar en lectura.#

Por ejemplo: «Esta semana leo diez minutos cada noche y le cuento a mi mamá de qué trató». Es concreta, se puede medir y se logra pronto.

Un compañero dice «soy malo para estudiar». ¿Qué le sugieres?#

Que separe el problema: ver si le falta método, ganas o descanso. Con el problema bien nombrado es más fácil elegir una estrategia concreta y pedir ayuda si la necesita.

Fuentes#

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