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El aparato psíquico de Freud: ello, yo y superyó

Esta lección es parte de Temario de Psicología de Décimo año Lección 7 de 29

Por Andrea del Carmen actualizado el 28 de octubre de 2026 9 min de lectura

Es el cumpleaños de la abuela y sobra un solo pedazo de tres leches en la mesa. Una voz por dentro dice: «Cómetelo ya, nadie está viendo». Otra contesta: «No, ese se lo guardaron a tío Mario». Y una tercera, más calmada, propone: «Pártelo por la mitad y deja el resto». Todos hemos tenido esa discusión interna, aunque casi nunca la oímos con tanta claridad.

A inicios del siglo XX, el médico austriaco Sigmund Freud propuso un modelo para explicar esas voces y muchas otras cosas que pasan dentro de la mente. Lo llamó aparato psíquico, y lo describió de dos maneras que se complementan: por sistemas (qué tan accesible es un contenido) y por instancias (qué función cumple cada parte).

Definición

El aparato psíquico es el modelo con el que Freud explicó el funcionamiento de la mente. Por sistemas la divide en consciente, preconsciente e inconsciente; por instancias, en ello, yo y superyó.

Los sistemas: la metáfora del témpano de hielo#

Imagina un témpano de hielo flotando en el mar. Lo que sobresale es una parte pequeña; la mayor parte está sumergida y no se ve. Freud usó esa imagen para decir que la mente funciona igual: lo que sabemos de nosotros mismos es solo la punta.

SistemaQué contieneEjemplo
ConscienteLo que percibes y piensas en este momentoEstás leyendo esta frase y sabes que lo haces
PreconscienteLo que ahora no piensas, pero puedes traer a la mente con un pequeño esfuerzoTu número de teléfono, qué desayunaste hoy, el nombre de tu maestra de primer grado
InconscienteDeseos, miedos, recuerdos y conflictos a los que no accedes directamente, pero que influyen en lo que sientes y hacesUn temor intenso hacia algo sin saber por qué

La diferencia entre preconsciente e inconsciente es la que más se confunde. Al preconsciente llegas si te lo propones: si te pregunto cuál fue tu escuela, la recuerdas en segundos. Al inconsciente no llegas así; sus contenidos se mantienen fuera de la conciencia, entre otras razones porque resultarían dolorosos o inaceptables.

Según Freud, el inconsciente se asoma por rendijas. Los sueños, los olvidos repetidos (siempre se te pierde la invitación a un evento que no quieres ir) y los lapsus, esos errores al hablar en que sale la palabra que no era, serían señales de que algo se mueve debajo de la superficie. La Psicología actual discute cuánto de esto se puede comprobar, pero la idea de que no todo lo que influye en nosotros es consciente sí está ampliamente aceptada.

Las instancias: ello, yo y superyó#

Si los sistemas dicen dónde está un contenido, las instancias dicen quién manda en cada momento. Son tres, y no son órganos ni zonas del cerebro: son formas de explicar funciones distintas de la mente.

El ello#

Es la instancia más antigua: está desde que nacemos. Contiene los impulsos y las necesidades básicas, como el hambre, la sed o el deseo, y se rige por el principio del placer: quiere satisfacción inmediata y no entiende de esperas ni de «no». Un bebé que llora a las tres de la mañana hasta que le dan de comer es puro ello. Es completamente inconsciente.

El yo#

Se forma poco a poco, en contacto con el mundo exterior. Aprende que no todo se puede tener ya y que hay que tomar en cuenta lo que pasa afuera. Se rige por el principio de realidad: razona, planea, espera el momento oportuno y busca una salida que sea posible. Es el que media entre lo que el ello pide y lo que el superyó prohíbe. Está en parte en el consciente.

El superyó#

Reúne las normas, los valores y las prohibiciones que el niño recibe de sus padres, la escuela y la sociedad, y que termina haciendo suyos. Tiene dos caras: la conciencia moral, que castiga con culpa y vergüenza cuando haces algo que consideras incorrecto, y el ideal del yo, que premia con orgullo y satisfacción cuando actúas como crees que debes. Se va formando durante la infancia y funciona en buena parte de forma inconsciente.

InstanciaSe guía porSu mensajeCuándo aparece
ElloPrincipio del placer«Lo quiero ya»Desde el nacimiento
YoPrincipio de realidad«Veamos qué se puede hacer»Se desarrolla en los primeros años
SuperyóNormas y valores internalizados«Eso no se debe hacer»Se forma durante la infancia

Volvamos al pedazo de tres leches. El ello: «cómetelo». El superyó: «es de tío Mario, sería egoísta». El yo, que debe resolver: «Corto el pedazo, me como una parte pequeña y dejo el resto; así no quedo con las ganas y tampoco quedo mal». Cuando el yo trabaja bien, nadie sale perjudicado.

Cuando una instancia manda demasiado#

La salud emocional, según este modelo, depende de que el yo logre un equilibrio. Si manda el ello, la persona actúa por impulso y le cuesta aceptar límites: gasta toda la plata del sábado en una tarde o responde con una grosería sin pensar. Si manda el superyó, aparece una exigencia excesiva: culpa por cualquier cosa, perfeccionismo, miedo a equivocarse. Y si el yo es débil, queda atrapado entre las dos presiones.

Cuando esa tensión se vuelve muy fuerte, según Freud surge la angustia, y el yo recurre a los mecanismos de defensa: maneras inconscientes de protegerse. Los más conocidos son:

  • Represión: sacar de la conciencia un recuerdo doloroso, como quien no se acuerda de un episodio muy difícil de su infancia.
  • Negación: rechazar una realidad que duele, como el estudiante que dice «yo no perdí el año» cuando ya salió la lista.
  • Proyección: atribuir a otros lo que uno mismo siente, como acusar a un compañero de tenerle rabia cuando en realidad es uno quien la siente.
  • Racionalización: inventar una explicación lógica para justificar algo, como decir que no fue a la fiesta porque «de todos modos iba a estar aburrida» cuando en realidad le dio vergüenza.

Todos usamos defensas de vez en cuando; el problema aparece cuando una sola se usa siempre y en lugar de enfrentar lo que pasa.

La infancia y la forma de ser#

Para Freud, las experiencias de los primeros años dejan una huella que se arrastra a la vida adulta, porque en esa etapa se están formando el yo y el superyó. Describió cinco etapas del desarrollo psicosexual, en las que la energía del niño se concentra en distintas zonas del cuerpo y en distintos conflictos:

EtapaEdad aproximadaQué se juega en ella
Oral0 a 1 añoPlacer y dependencia ligados a mamar y alimentarse
Anal1 a 3 añosControl de esfínteres, primeras normas y límites
Fálica3 a 6 añosDescubrimiento del propio cuerpo, identificación con los padres, origen del superyó
Latencia6 a 12 añosCalma relativa; energía puesta en la escuela y las amistades
GenitalDesde la adolescenciaMaduración y búsqueda de relaciones con otras personas

Un ejemplo ayuda a ver cómo se relaciona con la personalidad. Un niño al que cada error lo castigan con gritos y comparaciones con su hermano puede formar un superyó muy severo. Ya adulto será una persona muy trabajadora y también muy dura consigo misma: si no le sale perfecto, se siente un fracaso. Su manera de ser tiene raíz en lo que vivió y en lo que internalizó.

Conviene tener presente que la teoría de Freud fue muy influyente, pero también ha sido criticada porque varios de sus planteamientos son difíciles de comprobar y las etapas no describen igual a todas las culturas. Hoy se estudia como una forma de explicar la mente que le dio origen a muchas otras corrientes, no como la última palabra.

Errores frecuentes#

  • Pensar que el ello es «lo malo» y el superyó «lo bueno». Las tres instancias son necesarias: sin ello no hay energía ni deseo, y un superyó rígido hace tanto daño como uno inexistente.
  • Confundir preconsciente con inconsciente. Si puedes recordarlo con un poco de esfuerzo, es preconsciente.
  • Creer que son partes físicas del cerebro. Son conceptos para explicar cómo funciona la mente.
  • Olvidar que el yo es el mediador. En los exámenes, la pregunta típica es cuál instancia se rige por el principio de realidad: el yo.

Cómo practicarlo#

Piensa en una decisión de esta semana donde sentiste dos fuerzas en contra, por ejemplo quedarte viendo videos o ponerte a estudiar. Escribe qué decía el ello, qué decía el superyó y qué hizo tu yo para resolverlo. Con tres o cuatro ejemplos así vas a identificar las instancias casi sin pensarlo, y vas a notar cuál suele ganar en tu caso.

Ponte a prueba#

¿Cuál es la diferencia entre el preconsciente y el inconsciente?#

Al preconsciente se puede llegar con un pequeño esfuerzo, como recordar el nombre de tu primera maestra. Al inconsciente no se llega de manera directa; sus contenidos influyen en lo que sentimos y hacemos, pero no los reconocemos y suelen aparecer disfrazados en sueños, lapsus u olvidos.

¿Por qué se usa la metáfora del témpano de hielo para explicar la mente?#

Porque la parte visible sobre el agua es pequeña, igual que el consciente, y la mayor parte del hielo está sumergida, como el inconsciente. Representa la idea de que gran parte de lo que influye en nuestra conducta no la conocemos de forma directa.

Un estudiante quiere irse al parque en lugar de estudiar, siente culpa por pensarlo y finalmente estudia una hora y sale a jugar después. Identifica qué instancia hace cada cosa.#

El deseo de irse al parque de inmediato es el ello; la culpa por abandonar el estudio es el superyó; y la decisión de estudiar primero y jugar después es el yo, que media entre ambos con el principio de realidad.

¿Qué pasa, según este modelo, cuando el superyó es demasiado severo?#

La persona puede sentir culpa constante, ser muy perfeccionista y temerle en exceso al error. El superyó se forma con las normas recibidas en la infancia, así que un entorno muy castigador puede dejar una conciencia moral muy dura.

¿Por qué se dice que las experiencias de la infancia influyen en la personalidad según Freud?#

Porque en los primeros años se forman el yo y el superyó y se viven los primeros conflictos entre deseo y norma. Las experiencias de esas etapas dejan una huella que, aunque no se recuerde, sigue influyendo en la manera de sentir y actuar de adulto.

Fuentes#

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