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Papá,

Aquí vengo corriendo ante Ti, cual niña(o) que cayó y rompió sus rodillas y llama a su padre para que la auxilie, mas no son mis rodillas las que hoy duelen, mas no son mis rodillas las que están rotas, si no mi alma y mi corazón...

Hoy por causa de mi alejamiento de Ti, mi alma y mi corazón duelen, la heridas que la vida ha provocado han sido grandes, han sido tremendamente dolorosas. Padre, aunque sé que es mi culpa, que ese dolor que siento es solo el producto de mis decisiones, Te pido que me sanes, Te pido que me alivies...

Gracias Padre porque sé que a pesar de todo, de mis desobediencias, de mis pecados, de mis equivocaciones, Tu siempre estás ahí, ayúdame Señor a no apartarme de Tu Luz, de Tu camino, de Tu guía, y que de aquí en adelante, las heridas que Debas curar sean las de las batallas a las que Tú me envías, sean producto de la obediencia a Tu Poder...

Amén